Nació en Buenos aires el 23 de septiembre
de 1777 del matrimonio de don Manuel Moreno Argumosa, y de doña
Ana María Valle, porteña. De este matrimonio nacieron
14 hijos, de los que sobrevivieron 8, siendo el mayor Mariano.
Desde niño reveló su clara inteligencia y su bondad
de alma. Su memoria era admirable y desde sus primeros años
recitaba piezas enteras de póesías. Su primera educación
la recibió en la Escuela del Rey y luego cursó estudios
superiores de latín, lógica y filosofía en
el Real Colegio de San Carlos. Su reputación de buen estudiante
le atrajo gran prestigio y simpatía de personas ilustradas,
siendo una de éstas el religioso franciscano Fray Cayetano
José Rodríguez: "éste individuo juicioso
y apreciador del mérito abrió al joven la biblioteca
del convento, lo presentó a todos sus amigos y lo anunciaba
como un sujeto de esperanzas para la patria y las letras, especialmente
lo introdujo en la confianza del ilustre patriota el presbítero
doctor Felipe de Iriarte. Que había venido a esta ciudad
por un pleito importante". Habiendo terminado sus estudios
generales a la edad de 22 años y no pudiendo ir a Chuquisaca
a cursar derecho, Iriarte le ofreció la protección
del célebre Arzobispo, el doctor Antonio de San Alberto,
una de las más grandes personalidades de la época
de la colonia, que a su vez lo recomendó al canónigo
doctor Matías Terrazas, hombre de letras y de cualidades
distinguidas. En 1801 Moreno se matriculó entre los estudiantes
de jurisprudencia y practicó en el estudio del Dr. Esteban
Agustín Gascón. Por esa época contrajo enlace
en esta ciudad y poco después regresó a Buenos Aires
y se inició con una defensa de su antiguo preceptor, el
doctor Fernández.
En 1809 Moreno fue autor de un documento que adquirió .gran
notoriedad: La representación de los hacendados, en el
que abogaba por la libertad de comercio, pieza que se difundió
por todo el virreinato. Poco después fue nombrado relator
de la real audiencia y en el desempeño de ese cargo le
hallaron los sucesos del mes de mayo del año diez, de cuya
Primera Junta debía de ser el alma en su carácter
de secretario. Tuvo también a su cargo los departamentos
de más trabajo y responsabilidad, de la administración
en esa época, como eran la secretaría de Gobierno
y la de Guerra, a la que se unían las Relaciones Exteriores.
Su primera medida fue la de organizar en forma el ministerio,
abreviar los trámites y duplicar las horas de trabajo:
"Moreno -ha dicho don José María Gutiérrez-
no tenía confianza sino en las fuerzas morales y quiso
traerlas al gobierno y darlas al pueblo como palanca para remover
los obstáculos que la marcha de la revolución iba
a encontrar en su camino, y como entre aquellas fuerzas la más
poderosa es la prensa (instrumento hasta entonces vedado a los
hijos de la colonia para ventilar las cuestiones políticas
y los intereses sociales), el .secretario de Gobierno se constituyó
voluntariamente en redactor de La Gaceta de Buenos Aires colocando
al frente, de sus escritos uno de aquellos magníficos arranques
que son tan frecuentes en las inmortales páginas de Tácito.
Este periódico nació con el nuevo régimen
proclamando los tiempos en que era dado pensar y manifestar sin
trabas el pensamiento,"
Al doctor Moreno se le debe, entre otras instituciones, el establecimiento
de una academia de instrucción militar, y matemáticas
para que los oficiales se distinguieran, además del valor
y la energía física, por su ciencia, y la creación
de la fábrica de armas. Los intereses del comercio y de
la industria también fueron objeto de su preocupación.
Decretó la rehabilitación de los puertos de la Ensenada
de Barragán y del Río Negro, en Patagones, y dio
providencias para el arreglo de los caminos y el adelanto de las
poblaciones. En una obra de esta naturaleza no es posible estudiar
detenidamente la actuación de esta gran figura, de la que
se han ocupado los historiadores Mitre, López, Gutiérrez,
Levene y otros en sus diferentes aspectos. Este eminente ciudadano
contaba, cuando actuaba de lleno en la Junta, tan solo treinta
y tres años y gozaba de tanto prestigio que inspiró
recelos dentro y fuera del gobierno. Con motivo de la disposición
de incorporación de nueve diputados de las provincias a
la Junta, se produjo un desacuerdo, y el doctor Moreno, deseando
evitar desconfianzas, presentó su dimisión "convencido
-decía- de haber cumplido mi deber". Los émulos
del doctor Moreno lamentaron su alejamiento del gobierno, y a
los pocos días se le comisionó para pasar a Londres,
en clase de plenipotenciario, a cimentar relaciones de amistad
con el gabinete inglés, donde esperaba prestar nuevos servicios
al país. El 24 de enero de 1811 salió en un buque
inglés con destino a Inglaterra, con su salud quebrantada
debido al recargo de trabajo y a las incesantes preocupaciones
de la vida pública. Por consecuencia de este estado, padeció
un fuerte mareo agravado con una larga y penosa navegación
a vela. En estas condiciones sufrió un envenenamiento al
ingerir un medicamento. "El accidente mortal que cortó
la vida fue causado por una dosis excesiva de emético,
4 gramos de antimonio tartarizado, que le administró el
capitán en un vaso de agua, una tarde que lo halló
solo y postrado en su gabinete. A ello siguió una terrible
convulsión que apenas le dio tiempo para despedirse de
su patria, de su familia y sus amigos. En este estado de agonía
desamparó su lecho, y recostado sobre el piso, como tomando
para sus últimas energías esta postura humilde,
hizo a sus secretarios (Moreno y Guido) una exhortación
expresiva de sus deberes que tenían en el país a
que caminaban, y les dio instrucciones del modo de cumplir los
objetos de la misión en su lugar. Pidió perdón
a sus amigos y enemigos de todas sus faltas; recomendó
su esposa y bendijo su hijo." Tres días estuvo en
esta situación: expiró el 4 de marzo de 1811 al
amanecer, a los 28°27´ sur de la línea, a los
33 años de edad. Su cuerpo estuvo expuesto aquel día
sobre cubierta envuelto en la bandera inglesa, y fue arrojado
al mar a las cinco de la tarde, ante su contristado hermano, el
doctor Manuel Moreno, que publicó en Londres la memoria
del prócer. Cuando supo el coronel Saavedra la noticia
de su fallecimiento, exclamó: "Tanta agua era menester
para apagar tanto fuego", aludiendo al genio ardiente del
extinto y a su sepultura en el mar. Un importante partido de la
provincia de Buenos Aires perpetúa el nombre del numen
de la Revolución de Mayo. En la plaza principal del pueblo
se levanta su estatua. En 1910 Buenos Aires le erigió un
monumento en la plaza del Congreso. Para estudiar la vida de este
prócer puede consultarse, además de los historiadores
mencionados, la Confección de arengas del doctor Mariano
Moreno, publicada en Londres en 1836 por su hermano, y la célebre
Representación de los hacendados, monumento imperecedero
del genio de su autor, como le ha llamado Mítre.